El zellige no es un producto. Es una práctica. Durante más de mil años, los artesanos de Fez han extraído arcilla de la tierra, la han moldeado a mano, la han cocido en hornos tradicionales y han aplicado esmaltes minerales utilizando fórmulas transmitidas de maestro a aprendiz.
Cada azulejo comienza como un cuadrado de barro cocido. Un artesano utiliza luego una tranchet —un cincel afilado— para cortar a mano las formas geométricas que se entrelazarán para formar patrones de extraordinaria complejidad. No hay plantillas. El corte se hace a ojo, por experiencia, por tacto.
El resultado es un azulejo con variación tonal natural, sutil textura superficial y ligera individualidad dimensional que ninguna pieza comparte exactamente. Esto no es imperfección. Esto es autenticidad. Es lo que la luz le hace a una pared de zellige al amanecer que nunca le hará a una imitación prensada en fábrica.
En My Moroccan Tile, somos dueños de la fábrica. Empleamos directamente a nuestros artesanos. Mantenemos esta práctica no como un modelo de negocio, sino como una obligación cultural.